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lunes, 16 de julio de 2012

CAPITULO 10


CAP 10



Mi nueva habitación carecía de ventanas. Ya me lo dijeron los soldados en cuanto llegué:
- Mejor ponte cómoda, porque vas a pasar aquí mucho tiempo.
¿Y como hacerlo en una sala sin nada más que una diminuta cama, un cochambroso váter y una puerta de metal que me separa del mundo? Tuve tiempo de reflexionar y, rememorar aquel funesto día a cada segundo que pasaba, echándome en cara lo que pudiera haber echo.
Vuelvo sobre mis pasos como si utilizar una máquina del tiempo fuera una opción posible,
como si todo fuese tan fácil como volver atrás y cambiar el pasado. Pero no lo es , y nunca lo será, porque cada segundo que pasa es único, aunque cuando careces de libertad para disfrutarlos 
no son más que un paso más hacia la locura.
No fue hasta que empecé a hablar sola, cuando me trajeron los libros. Comenzó 
cuando la doctora Kreig, algo preocupada por mi salud mental, arrojó un objeto
extraño a través del hueco de la puerta. Mi primer impulso fue pegarme a la pared
¿Que era aquello? ¿Acaso dolía como los experimentos que ahora solían hacer conmigo?Tardé dos días y sus respectivas noches en acercarme a ello, y como un animal lo
analicé primero desde lejos. 
Lo cierto es que no esperaba "La isla del tesoro" sino mas bien una especie de aparato que me dañase de alguna manera, pero nada precia raro en aquel viejo tomo. No
paraba de preguntarme qué tenia que ver aquello con lo que la doctora se traía entre
manos.
Pronto me perdí entre sus páginas navegando en veleros y galeras, y respirando el 
dulce aroma a grandeza que desprendía los tesoros piratas. Cuando me quise dar
cuenta, me iba por la última página del libro, y con tristeza lo cerré,ávida de más
historias como aquellas, que me hiciesen dejar de pensar. 
La siguiente novela no tardó en llegar, y siguiendo la línea de lo clásico recibí "Drácula"
de manos del soldado que me traía la comida todos los días. Mientras lo devoraba no 
podía evitar imaginarme a Kreig como protagonista, con unos colmillos enormes y 
afilados sobresaliendo de sus labios perfectos. A parte de por aquel detalle las doctoras de mi imaginación y de la vida real se parecían bastante: ambas eran altas, esbeltas y 
tenían la manía de sacarme sangre de una manera o de otra.
Al notar la abismal mejoría en mi carácter continuaron cebándome a base de obras 
literarias que ahora me duraban apenas una jornada de prisión. Ya no me daba cuenta de si entraban o no en la sala y me tocaban para después inyectarme algo, ni contaba los numerosos orificios que las agujas abrían en mi piel. Aquello era mejor que la
anestesia y todos lo sabíamos: ellos me tenían a su merced sin tener que 
preocuparse de si me despierto o no tras el sedante, y yo no tengo que enfrentarme 
con las pesadillas que me sacuden desde aquel día, en las que Tessa es el eje de mi 
dolor. 
Esperaba con ansia las visitas del soldado bibliotecario, como una niña pequeña a punto de recibir un caramelo, hasta que de pronto la fuente de libros se secó. Pregunté,
grité, gemí y pataleé pero nada. Volví poco a poco a despertarme en mitad de la 
noche cubierta de sudor, farfullando palabras sin sentido que nadie podía oír.
Pese a ello aun conservaba la esperanza de que se diesen cuenta de mi necesidad;
habían interrumpido un tratamiento a la mitad, y moría por una medicina que no 
llegaba.
Días después me sorprendió la visita de Kreig a mi humilde celda, que supuse que no 
seria de cortesía. El olor a perfume que desprendía invadió la sala, inundando mi mente de recuerdos de la torre, del laboratorio y del IT, que ahora parecía tan tétrico como 
un paseo en bicicleta. Se mantuvo al lado de la puerta observándome e intentando
acercarse lo menos posible a mí. 
- Doctora, un placer tenerla entre nosotros- dije sarcásticamente improvisando una reverencia burlona -¿Ha venido a por el resto de cordura que me queda?
- Parece que aun tienes fuerzas para portarte como una estúpida. Me alegra saberlo.
La tensión se podía palpar en el aire; la carcelera y la encarcelada intentando
fulminarse mutuamente con la mirada.
- Déme libros. Es lo mínimo que me puede dar a cambio de mi libertad.
Este último comentario pareció hacerle gracia, y sonrió mostrando su perfecta dentadura. Encogiéndose de hombros se giró hacia la puerta, y antes de irse contestó.
- Que más da.... Yo solo venia a avisarte de que vamos a llevar a cabo un pequeño
experimento nuevo contigo...- mientras hablaba un escalofrío me recorrió la espalda- Pero de todas maneras, 2024, no te debo nada a cambio de tu libertad, porque tú, precisamente tú, naciste sin ella.
Cerró la puerta tras de si, dejándome inmersa en el huracán de confusión que habían dejado sus palabras.Era verdad que estaba encerrada y que no tenia ninguna posibilidad de escapar, pero no por ello había de ser tratada así. Como un verdadero despojo, la base de una sociedad inferior.
¿Y que demonios era aquello de que había nacido sin ella? ¿Porque ellos serian mejores que nosotros?
Empezaba a asimilar el hecho de que lo más probable era que jamás iba a salir de ahí 
cuando me cayó encima una piedrecita. Frotándome la cabeza con la mano miré 
hacia arriba. Alguien parecía intentar abrirse paso a través del techo. En aquel mismo
instante pensé que no podría ser otra cosa que un orificio para introducir una cámara,
pero tuve la certeza de que me equivocaba cuando desde el otro lado pude oír una
voz conocida
-¡2024! ¿Estas bien? 
Marco. Me acerque lo más que pude al agujero, aspirando el aroma de la superficie 
que pasaba por él. 
- Si, bueno. Más o menos. Todo lo bien que se puede estar enjaulada.
Apenas tardó unos segundos en contestar, y por lo que parecía, tenia mucha prisa.
-2024, tienes que aguantar ahí abajo hasta que podamos sacarte... No tengo mucho 
tiempo, pero solo tienes que recordar una cosa: que lo que vas a ver en los próximos días no...
De pronto, a lo lejos, se oyó un ruido de pasos y la voz de Marco desapareció.
-¡¿Marco?! ¡¿No qué?!
La puerta de metal se abrió estruendosamente y un soldado se acerco a mi,y
 poniéndome en pie me susurró al oído:
- Vamos niña... Es hora de que despiertes de esta pesadilla.
Oscuridad.