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miércoles, 1 de febrero de 2012

CAPITULO 8

CAP 8

Ambas quedamos asombradas por la resistencia que estaba oponiendo. Aquella maldita asistenta me agarraba de los tobillos tirando hacia fuera mientras yo me aferraba al marco de la puerta, de manera que mi cuerpo quedó tenso, de manera horizontal y paralelo al duro suelo.

-¡ No pienso volver a meterme en esa cosa! grité asustada. Puedo apostar lo que sea a que aquel desesperado bramido fue escuchado por casi todos las personas que se encontraban dentro de la torre en aquellos momentos tan desagradables para mi.
-Señorita 2024,se esta portando como una niña pequeña. Por favor, descuelguese de la puerta.
- ¡Ni hablar!¡Antes tendrás que cortarme los brazos!
Se produjo otro forcejeo aun mas energico que el anterior, y esta vez me intentó agarrar del tren superior  con el fin de hacer palanca y que me soltase al fin pero mis dedos se mantuvieron firmes.
- Esta bien, tu lo has querido...
En aquel mismo instante, me imagine como ella sacaba una daga, de hoja extremadamente afilaba y se disponía a arrancarme los brazos de cuajo, arrastrando mi cuerpo hacia el IT...
Asustada ante la perspectiva de que mi siniestra fantasía se tornase realidad, me gire  como pude, y vi que sacaba algo procedente del bolsillo de su inmaculada falda blanca.
" Esto es el final. Muchas gracias brazos por todos aquellos momentos de felicidad que vivimos juntos..." pensé, preguntándome como demonios me iba a apartar el pelo de la cara o simplemente rascarme la nariz después de aquello...
Cuando pude ver que lo que realmente extraía no era mas que una especie de móvil, volví a respirar.
-¿Que vas a hacer? Pregunté algo confusa.
Me ignoró completamente. Tras marcar un numero  se pego el aparato a la oreja y pude oír la voz de alguien al otro lado, aunque no lo que decía.
- Soy la asistenta numero 35, y necesito refuerzos.

Unos minutos después, cuatro de ellas aparecieron tras las puertas del ascensor. Aquello había dejado de ser una situación igualada; podía con una asistenta, pero no podía con cinco. Vi como se colocaban ordenadamente al rededor de mi sin decir palabra, como si ya supiesen lo que tenían que hacer. Una de ellas ayudó a su compañera con los pies, otras dos me agarraron los brazos, ya cansados por el esfuerzo ejercido, y la ultima me sujetaba del tronco. Sin previo aviso, todas ellas comenzaron a tirar a la vez. No lo iba a lograr y en el fondo lo sabia, pero no dejé de hacer fuerza.
Todo menos el IT. No podía volver a meterme ahí. Realmente había desarrollado un miedo terrible hacia aquella máquina en parte justificado por un error tan simple como un fallo de cuentas en la cantidad de anestesia. Aquel fallo pudo costarme algo mas que un mareo carente de importancia. No, prefería no correr riesgos innecesarios. No me metería  en el IT otra vez para tentar a la suerte...
Otro tirón. Este me pillo distraída, y logro que separase dos dedos del marco de la puerta. No iba a aguantar mucho mas, así que aproveche los escasos segundos de descanso que las asistentas necesitaron para darme impuslo, soltarme y antes de que saliera disparada hacia detrás, agarrarme al picaporte de la puerta.
- ¡Que he dicho que no! ¡Dejadme en paz!
Aunque aquellas odiosas mujeres  mantuvieran su velo de sonrisas alzado, puede percibir su frustración, pues cada vez dejaban menos tiempo entre tirón y tirón, y lo hacían con mas intensidad.

Estaba tan concentrada en mantenerme alejada del IT que no vi aquel golpe llegar. Tampoco soy capaz de precisar qué fue lo que me dio de lleno  en la nuca, pero causó en mí el mismo efecto que un yunque al precipitarse  sobre una hoja de papel.
Todo se tornó borroso y confuso. Mis manos, carecían de fuerza para sujetarme un segundo mas y caí como un peso muerto, aun preguntandome que estaba pasando y sobre todo quien me había agredido.
Al encontrarme en un estado de seminconsciencia, podía ver donde me llevaban, pero había sido totalmente incapacitada tanto física como psíquicamente. Simplemente no podía hacer nada mas que esperar resignada llegar hasta aquel inminente destino que esperaba tras el umbral del laboratorio numero uno.
- ¡2024, que agradable sorpresa!- la voz de la doctora Kreig retumbaba en mi cabeza como si alguien recitase un complejo poema, cuyo fondo no llegaba  a entender del todo- Parece ser que siempre tienes que estar dando la nota...¿No podrías simplemente hacer lo que te mande?
Alcé la vista y la miré con cara de pocos amigos. Su imagen estaba completamente distorsionada, un mar de puntos de color que se fundían componiendo las facciones de Cris Kreig, para volverse a separar segundos después.
El dolor de cabeza que me asalto de imprevisto atravesó mi mente como un relámpago, un ataque rápido y efectivo a las pocas neuronas que calculaba que me quedaban. Aullé de dolor retorciendome en el suelo, suplicando a la doctora que me matase de una vez o que hiciera parar aquello. Cientos de imágenes desfilaban en mi mente, imágenes que no llegaba a reconocer, pero en las cuales siempre me encontraba presente. Parecían... ¿recuerdos?
Comencé a gritar improperios y palabras sin sentido lo cual hizo que todos los científicos dejaran su trabajo y me observaran detenidamente como un juguete roto, un experimento fallido que hay que corregir. No dejé que nadie me tocara: sacudía manotazos a bocajarro, arañando y mordiendo según encontrase conveniente. Era como un niño pequeño al que le estaba saliendo los dientes, pero en vez de aquello era dolor, un dolor en estado puro atravesándome el cerebro  hasta sentirlo a punto de estallar.
- ¡No os mováis! Grité desesperada- ¡Dejadme en paz!
- ¡Idiotas!¡Con el golpe que le habéis dado habéis trastocado su memoria!¡Llevadla al laboratorio numero dos inmediatamente!
Después de aquello solo entendí palabras sueltas como camilla, chica, toda clase de insultos y operación.
Figuras translucidas se movía de un lado al otro de la sala, como haceindo una especie de danza extraña en la cual yo me encontraba en el centro, y llegó un momento en el que todas se fusionaron dando lugar a la nada. Oscuridad. Todo estaba tan silencioso, pacifico y calmado que en ese mismo instante decidí que no volvería a abrir los ojos nunca jamas, pero la curiosidad me ordenaba que hiciese lo contario a lo que quería, y los abrí.
Lo primero que vi fue una luz cegadora, que me impedía intuir donde me encontraba. Poco después las cosas se volvieron mas nítidas y comencé a percibir los colores con una mayor facilidad, sin tener que forzar la vista. Aquella maldita luz era a veces  interrumpida por siluetas negras, las cuales quise catalogar ¿Que eran y, porque se movían tan rápido?
Algo me hizo cosquillas en la nariz y sentí el impulso de estornudar." Ni se te ocurra" dijo la parte de mi cordura que no se encontraba en estado latente. Arrugué la nariz, con el fin de mitigar el picor, pero nada parecía poder hacer que cesara. Al fin no pude soportarlo y estornudé ruidosamente.
-¡Esta despierta! Oí gritar a alguien.
Pues claro que lo estaba, y con unas ganas impresionantes de levantarme de donde quiera que estuviese y sonarme.
Las siluetas cobraron forma de personas ataviadas con extraños trajes verdes y una ridícula mascarilla en la región de la mandíbula. No me asusté hasta que vi que lo que me habia echo cosquillas en la nariz era el hilo negro  procedente de una aguja que se encontraba trabajando apenas unos centímetros por debajo del pelo. Me estaban cosiendo la cabeza.  Hice un amago de patalear, pero estaba atada a la camilla con unas fuertes tiras de cuero. Me di cuenta de que la luz no era mas que la lampara del quirófano, y que las sombras eran la manos de los cirujanos que se ocupaban de llevar a cabo una operación que yo no habia autorizado.
Apenas me dio tiempo a reaccionar, cuando sentí como alguien apoyaba una mascarilla sobre mi rostro, presionandolo con tanta fuerza que creí que me lo iba a incrustar en el cráneo. Quise gritar pero no pude, y no tarde mas de diez segundos en caer presa de un profundo sueño...

Me encontraba caminado por un frondoso bosque, en cuyo interior se podía escuchar el potente graznido de algún ave tropical. Caminaba con paso firme para llegar a mi objetivo, que parecía ser el centro de aquel mar de arboles. Apartando la maleza con las manos, sofocada por el húmedo ambiente aunque segura de lo que hacia, llegue ami destino: un espejo. Vi mi rostro sonriente reflejado en el, como si fuese parte de una película que ya hubiese visto antes.
-¿Quien eres? Pregunté pese a que ya sabia la respuesta.
La yo del espejo me dedico una profunda mirada que me atravesó al alma.
- Tu eres el yo encerrado. Yo soy el tú libre. Libérate para que tu y yo seamos una.   Respondió tendiendome la mano.

No sabia a lo que se refería aquella 2024, ni cuales eran sus motivo para esperarme tras el espejo, pero mis pies adquirieron autonomía y avanzaron aun más hasta que hube atravesdo el cristal para llegar junto a la parte que me faltaba. Al traspasarlo senti otra vez aquel intenso dolor que habia experimentado minutos antes y grité hasta desgañitarme. Fue entonces cuando el espejo se quebró en mil pedazos dejando a mi yo libre y a mi yo encerrada presas en un un trozo de cristal.
Juntas en las distintas caras de una misma moneda.